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Historia

El Centro del Grabado de Valparaíso surge inicialmente desde la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, única entidad que hace veinte años tenía la especialidad. Allí, se había mantenido  en cierto modo, el taller de grabado fundado por el destacado artista Carlos Hermosilla. Es por ello, que algunos jóvenes artistas con cierta trayectoria acudieron a él, a fin de adquirir las complejas técnicas tradicionales del grabado junto al maestro Roberlindo Villegas profesor de la especialidad en ese tiempo.

De este modo, en 1992,  un grupo de estos alumnos-artistas liderados por el creador  visual y profesor Víctor Maturana Leighton deciden fundar una entidad que acogiera el intercambio de experiencias, y, a la vez, la realización de actividades y exposiciones del grupo. La inquietud de estos alumnos artistas los había impulsado a ampliar las posibilidades del grabado a través de la investigación, ensayo y búsqueda. Una figura señera al respecto fue Virginia Vizcaíno, quien generosamente, aporta al grupo los conocimientos y perfeccionamientos adquiridos a través de las becas en grabado - Fondart y “Amigos del Arte” que le permitieron acceder al Taller 99 y al Tamarind Institute, en Albuquerque. Tanto los aportes de esta destacada artista como la renovación surgida de otros  alumnos artistas, potenciaron al  Taller de Grabado de la Escuela de Bellas Artes de Viña Del Mar.

 La visión de Maturana le permite dilucidar que es momento de armar un grupo, al cual integra a los alumnos jóvenes que recién se hacen al grabado, a fin que todos puedan participar en el proyecto de hacer de esta disciplina una expresión actual y vigorosa.

En los momentos del té en las tarde a fines de los 80’s, junto a los trabajos en desarrollo, se va conversando la posibilidad de hacer algo que muestre los notables avances de los integrantes del grupo. Algunos de estos - en el intertanto- ganan premios, participan en bienales internacionales, Maturana obtiene el Premio Nacional de Grabado: Los frutos estaban apareciendo.

El Centro del Grabado desde sus inicios fue una entidad heterogénea por trayectoria de los integrantes, edades y tendencias visuales. Reafirmando esto, uno de sus más destacados socios fundadores fue un artista y crítico de arte de connotada relevancia, que impulsó y colaboró en la formación del Centro: Álvaro Donoso.

Cabe nombrar también a Pilar Domínguez, Marco Antonio Sepúlveda, Hermann Schmidlin, David Contreras, Gladys Figueroa, Cristian Castillo entre otros. Artistas sobresalientes que se sumaron también a las actividades de la novel agrupación, sin  olvidar al maestro Hermosilla quien fuera miembro honorario del Centro.

Desde las primeras muestras colectivas del Centro, estas fueron recibidas con gran interés por los medios de la prensa especializada, la cual, en 1993 le otorgó el Premio de la Crítica.

Hoy, a veinte años, el Centro del Grabado prosigue su existencia trabajando sobre los mismos objetivos que condujeron a su formación, a veces discontinuada en el tiempo, pero siempre latente. Han ingresado nuevos cultivadores de la disciplina, otros se han alejado. Hoy  David Contreras -uno de los fundadores del Centro- lidera el taller de grabado de la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso, refundado por Virginia Vizcaíno.

Es así, como de aquellas lejanas conversaciones del té de Taller, nació el Centro que ha impulsado al grabado en la Región proyectando sus resultados a nivel nacional e internacional.
Como parte de la conmemoración de los veinte años de la formación del Centro, se ha elaborado un testimonio compuesto de imágenes y de un manifiesto en homenaje a los miembros activos en este año del 2012. El manifiesto aparece como una forma de acercamiento a la  identidad del artista y a su posicionamiento como tal. Para ello, se ha intentado indagar en la  intimidad del creador y en su particular  visión de la  sociedad a la cual pertenece, para luego, desde allí, procurar transparentar - en la medida de lo posible-, su proceso creativo y como éste desemboca en la obra concreta.

Para lograr los propósitos anteriormente mencionados, se usó como apoyo un instrumento propio de la sicología, compuesto  de  entrevistas y cuestionarios individuales y grupales orientados a decodificar las imágenes que componen el lenguaje del artista visual por medio de   la  deconstrucción de aquellas, emprendiendo la difícil  alquimia de llevar a la palabra lo que se compone de forma y color.

 A partir de la deconstrucción del sello de la obra, esta se  ha rearmado en una narración que aventura desglosar las complejas capas de las que se reviste el artista para contemplar a la persona,  como también, acercarse a  los significados de las obras, a su  lenguaje expresivo -consciente o no-  desde el cual el creador se proyecta construyendo los  vínculos distintivos que lo unen a la sociedad.

Lo anteriormente detallado, es un complejo desafío para cualquier actor social externo al mundo del arte.  Explicar la belleza, intentar transcribir la magia que envuelve lo visual, las  ideas del artista, acercarse a  su intimidad, a su historia…  y luego de todo aquello, atreverse a dilucidar del torrente verbal recogido del material emanado de los propios artistas, o, de sus los voluntarios silencios resultó muchas veces caótico. Otras casi hostil y resistente a ser transcrito  en palabras… pero a pesar de todo, fue emergiendo una expresividad singular y sugerente que pretende transparentar los mundos visuales.

Al final, lo que ha resultado es una aproximación al artista y a su mundo visual que ha emergido  del caos aparente de  palabras, cuyo sentido sólo lo podemos apreciar en la unión de la sicología y el arte.

En cuanto a las imágenes, estas se han elegido de lo representativo del imaginario de cada grabador y dan testimonio de la diversidad expresiva del grupo, de su calidad visual y aporte desde lo propio.

 

CENTRO DEL GRABADO, REGION DE VALPARAISO - CHILE